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3 de octubre de 2016

A veces es necesario

La paradoja de la vida es que se avanza linealmente cuando se vence, se obtienen logros, se adelanta un casillero, pero se detiene el crecimiento, se detiene el tiempo, se retrocede... si se fracasa o no se cumplen las metas.

Hemos sido criados en base a dos lógicas binarias. Una que te aplaude por tus logros y te reprende por tus fracasos. Y otra, menos explícita, que te dice que mientras más logros tengas, más feliz, realizado y completo vas a ser y, por el contrario, si tropezás en algún paso sos un fracasado, infeliz e incompleto.

Cada persona tendrá, consciente o inconscientemente, un fin y meta de vida distinta. Pero de alguna manera estoy seguro que aprenderá más, en vez de con cientos de éxitos consecutivos, con alguna derrota más o menos frecuente.

Es verdad, a veces es necesario vencer, para experimentar que es posible, que podemos demostrar nuestras aptitudes y esfuerzos, que tenemos suerte.


Pero a veces es necesario fracasar, para entender que todo no se puede.
Que no podemos con todo.
Que tal vez podemos con mucho. Pero no con todo.
Que está bien no poder con todo.
Que a veces no es nuestra culpa no poder con todo.
Que a veces sí es nuestra culpa intentar poder con todo.
Porque no podemos con todo. Porque somos uno. Porque no somos Dios.
Porque, si fuésemos Dios, no podríamos fracasar.
Y a veces es necesario fracasar, para entender que todo no se puede...


RD.


13 de julio de 2016

Los recuerdos son fotos

Los recuerdos son una foto del pasado.
Las fotos pueden ser artísticas, naturales o pobres.
Pueden retocarse o mantenerse originales. 
Las fotos tendrán mucha nitidez, tendrán zonas enfocadas, tendrán sombras.
Nos asustarán, harán reír o llorar.

Los recuerdos son una foto del pasado.
Sí, son fotos. Sí, del pasado.
Si somos sabios, nos servirán para aprender lecciones.
Si somos valientes, querremos afrontar las situaciones que retratan para cambiar el resultado.
O no para cambiarlo, tal vez para dejarlo igual.
Pero son fotos del pasado.

Pero vivimos en el presente. Imaginamos un futuro, que es incierto.
Imaginar no es tomar una foto. Es pintar un cuadro.
Al cuadro le colocamos sueños, ilusiones, esperanzas.
Cuando nuestra línea del tiempo llega a ese futuro, estamos en el presente.
Inevitablemente cotejamos nuestro cuadro pintado con el presente que vivimos.
Dependerá de infinitas cosas nuestra reacción, positiva o negativa.
Las ilusiones pintadas y no existentes nos dejarán un sabor amargo.
Una falta, una decepción. Bronca, impotencia, preguntas.
Pero eran cuadros que nosotros pintamos. Nosotros.


Vivimos en el presente, sí. Pero tenemos fotos y cuadros en nuestro baúl.
Las fotos no muestran el presente vivido.
Muestran, sí, sólo un retrato de lo que quisimos. O que no pudimos tapar.
A los cuadros los pintamos a diario. Pero lo hacemos en base a nuestras fotos.
Nuestras fotos tristes nos harán pintar un cuadro triste y pesimista.
Nuestras fotos alegres nos esperanzarán. Nos ilusionarán.

Pero con todo esto, poco puede hacer el presente. Poco o nada.
Será cuestión de tener suerte en retirar las fotografías correctas del baúl.
Será un tema del azar, también, que con esas fotos, pintemos un futuro vivible.
Vivible, realista, podado de ilusiones falsas pero con utopías que nos hagan caminar.

Tal vez lo más sano sea dejar el baúl cerrado. Los recuerdos y cuadros guardados.
Y vivir. Vivir el presente. Las fotos y los cuadros aparecerán solos.
Si queremos tener nuevas fotos, nuevos cuadros, debemos vivir el presente.
Vivir mirando fotos y pintando, con ellas, cuadros, únicamente nos detendrá.
Detendremos el tiempo. Pero el tiempo avanzará, y sin nosotros.

La vida no son sólo fotos.


RD.