4 de junio de 2015

Europa para los europeos -salvo votos para la FIFA-


Hemos amanecido con esta noticia -que no es noticia ya-, sobre los miles de inmigrantes y, principalmente, refugiados de Medio Oriente y África, que escapan de la violencia y la pobreza extrema en sus países que atraviesan de manera precaria el Mar Mediterráneo y llegan a las costas del sur de Europa. Muchos quedan en el camino, y la mayoría tiene un destino incierto y una inestabilidad segura en los territorios de la sacrosanta Unión Europea.
No es mi idea cuestionar las políticas migratorias de cada Estado o Unión de Estados, que al fin y al cabo son propias de su soberanía -podamos compartirlas o no-. Pero las 'reacciones' que se están dando a nivel europeo son más que aberrantes y repudiables.

Deportarlos, encarcelarlos, omitir socorrerlos sanitariamente, son algunas de las variantes que se barajan. Italia, luego de un extendido tiempo de indiferencia, comenzó a intentar dar una respuesta y salvar las vidas de las personas que llegan a sus tierras.

Pero la verdad es que, a mediano plazo, el esfuerzo de un único país para socorrer a un continente no será suficiente, y poco a poco la situación se agravará aún más. Basta recordar la enérgica exhortación del Papa Francisco a Europa para que salgan de su indiferencia.

 El giro que debe darse es uno en sentido humano, en el sentido más amplio del término. Se debe recordar que todos somos personas. Que el otro es otro igual. Que tiene una dignidad humana igual que la de mi conciudadano de mi país. Que es un ciudadano del mundo. Que, al fin y al cabo, solo me diferencio de él en cuestiones culturales, pero no biológicas.

Que se continúe el trato al extranjero como un distinto, en el Siglo XXI, es insostenible. Y no tiene -aunque afortunadamente también ocurre- que existir una Convención, un Pacto, una Declaración internacional para que nos sintamos con la obligación de tener una mirada más humana, más amplia.

Seamos personas con las personas. Seamos humanos con los humanos. Que ser persona y ser humano dignifique a los habitantes del mundo, sin distinciones circunstanciales.

RD.

Addenda. Va a recordarse como anécdota, pero el ahora futuro ex presidente de la FIFA, el suizo Sepp Blatter, logró imponerse en las elecciones con los votos de aquellos países a quienes la UE no desea en su territorio. Que voten pero que no se queden. Cualquier similitud con los ghettos o villas miseria, donde se margina a cierta población, que pueden ingresar, trabajar, consumir pero no permanecer en el resto de la ciudad.